Como morir de hambre

Si un marciano llegase a la Tierra, quedaría perplejo por los incomprensibles comportamientos de los humanos.

Imaginemos que el marciano visita en primer lugar un campo de refugiados de Etiopía y se topa con personas famélicas: costillas marcadas, piernas como alambres, clavículas sobresalientes, mejillas hundidas, grandes ojos tristes, muecas de dolor… Al echar mano de su enciclopedia digital, comprueba que en el mundo pasan hambre 923 millones de personas y que cada día mueren de inanición 12.000 criaturas.

Imaginemos que, luego, el marciano aterriza en París, en un centro de moda, junto al que proliferan bares, restaurantes, panaderías, bombonerías y supermercados. El marciano contempla la pasarela en la que desfilan mujeres con aspecto famélico: costillas marcadas, piernas como alambres, clavículas sobresalientes, mejillas hundidas, grandes ojos tristes, muecas de desdén… Su enciclopedia digital le marca un enlace con la palabra “anorexia“. Tal vez ahora el marciano logre saber por qué se matan de hambre mujeres que deberían estar saludables y alegrase por ello.

El marciano decide abandonar ese planeta idiota y, antes de cerrar la escotilla de su nave, como Asterix exclama: “Están locos, los humanos“.

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reglas básicas de la alimentación

Es cierto que en el mundo no hay una única forma de comer, pero en general los expertos coinciden en decir que la alimentación debe ser:

1. Rica en cereales

2. Rica en legumbres, verduras y frutas

3. Rica en pescado (blanco y azul)

4. Aporte suficiente de lácteos

5. Moderada en proteínas cárnicas

6. Baja en grasas saturadas y trans

7. Aporte suficiente de aceite de oliva

8. Moderada en azúcar y sal

9. Rica en productos frescos y moderada en comida procesada

10. Con el agua como bebida principal

Las reglas básicas de una alimentación correcta son: Variada (un poco de todo y mucho de nada), equilibrada (50-60% hidratos de carbono, 30-35 % grasas y 10-15% proteínas), y suficiente (con la energía necesaria para mantener un peso saludable).

No hay alimentos malos (todos pueden estar presentes en nuestra alimentación), pero sí hay dietas malas.

Pero no todo es comer, no debemos olvidar que cada día debe haber entre 30 y 60 minutos de actividad física y/o ejercicio, la que prefieras (andar, bailar, correr, subir escaleras, hacer gimnasia, jugar a tenis….). Puedes hacerlo “variado” según tus gustos y tus posibilidades, pero cada día debes “moverte” durante 30 o mejor 60 minutos (no es tanto, también sirve si lo haces en fracciones de 15-20 minutos). Consigue incorporarlo a tu vida diaria, no se trata de que sea un “extra” sino de que se convierta en un hábito y disfrutarás con él, te sentirás mejor, pues con el ejercicio se segregan “endorfinas” (sustancias que tiene actividad hormonal y producen sensación de bienestar; es una de las razones por la que te sientes bien después de hacer ejercicio; también se segregan al reír, enamorarse, comer chocolate, etc…..)

Olvídate de estar todo el día sentada/o o delante de la televisión; muévete, tu cuerpo y tu cerebro te lo agradecerán.

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Comer bien ayuda al cerebro

Casi siempre cuando pensamos en comer pensamos únicamente en como influye la alimentación en nuestro físico, “la figura”, “la imagen”, lo que “se ve”, pero sin darnos cuenta de que este es tan sólo uno de los aspectos y no el más importante.

La influencia de la alimentación es mucho mayor en el cerebro de lo que puede ser en la figura. Este órgano que sólo pesa alrededor de 1.500 gramos (2-3% del peso corporal) es una compleja maraña de neuronas o células nerviosas y cables eléctricos interconectados entre sí mediante unas sustancias químicas muy simples, los neurotransmisores, cuya misión es transmitir mensajes de una célula nerviosa a otra.

El cerebro pesa poco pero necesita mucho (más del 20% de la energía que ingerimos). Si nosotros “somos lo que comemos“, entonces el funcionamiento de nuestro cerebro también dependerá de lo que comamos. Podemos mejorar la salud y las funciones del cerebro a través de la alimentación.

La principal energía que necesita el cerebro para su actividad es la glucosa, que proviene de comer alimentos ricos en carbohidratos como cereales, legumbres, frutas y vegetales, así como productos lácteos, contando también con un poco de proteínas (carne, pescado o huevos) y aceite de oliva. Pero además necesita otros nutrientes esenciales (esenciales porque no somos capaces de fabricarlos, son vitales para el organismo y debemos tomarlos con los alimentos): vitaminas, minerales, ácidos grasos, aminoácidos, etc. No son muchos (menos de 50), pero indispensables si queremos conseguir una nutrición óptima

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Curar un transtorno alimetario

Hace algunos años, en un congreso sobre trastornos alimentarios le preguntaron al conferenciante, el profesor Michael Robinson, cuando consideraba que alguien se había curado de un trastorno alimentario. Él respondió con un símil que en aquel momento me impresionó, pero que desde entonces he tenido presente en el trabajo con mis pacientes. Contestó que él se imaginaba en su labor cómo los obreros de los ríos madereros del norte de Europa. En aquellos bosques cortan los troncos y tras quitarle las ramas los echan al río donde la corriente los arrastra hasta el aserradero; pero es necesaria la intervención de unos obreros que cuando algún tronco encuentra algún obstáculo que detiene su curso y obstruye la corriente, mueven con unas pértigas el tronco adecuado para que el río pueda seguir su curso. Nos contó que él en su trabajo se siente como uno de estos trabajadores.

El trastorno alimentario es una forma de manejar conflictos de relación, hacerle frente a carencias personales o volver a sentir que recuperan el control de su vida o circunstancias. Sin embargo, estas conductas se perpetúan aunque los objetivos iniciales por las que se iniciaron no se logren o incluso se empeoren. Estas alteraciones dejan de ser una mala solución para pasar a ser un grave problema.

Curarse del trastorno conlleva, no sólo modificar sus hábitos alimentarios y la forma de afrontamiento de sus conflictos, sino volver a enfrentarse al problema inicial que originó el trastorno alimentario. Los temores y amenazas – no sentirse aceptado, la sensación de soledad, el miedo al fracaso- se volverán ha hacer presentes.

Iniciar el cambio que llevaría a la resolución de su problema significa, en primer lugar, entender que es posible y necesaria una forma diferente de actuar. Su problema no es – o no es sólo – sus hábitos alimentarios, sino aquellas dificultades que intentaron resolver perdiendo peso. Reconocer su sufrimiento y frustración iniciales y buscar ayuda de profesionales para hacerle frente es el inicio del proceso de recuperación. Potenciar que el propio paciente acepte el empezar a ‘arreglar’ su vida y facilitarle que encuentre la forma de hacerlo o la ayuda conveniente. Curarse es empezar a preocuparse por su bienestar y sus posibilidades de desarrollo personal y relacional. Inicia a andar este camino es ya la curación.

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Tengo una amiga anorexica

Este e-mail podría ser representativo de las muchas consultas acerca de la preocupación por un amigo o amiga que hacen los chicos y las chicas a las asociaciones de lucha contra los trastornos del comportamiento alimentario:

“Estoy muy preocupada por una amiga. Me parece que tiene problemas relacionados con la anorexia nerviosa. Ya hace unos meses que empezó con la manía de perder peso pero creo que se le ha ido de las manos. Ya nunca la veo comer, ha confesado que vomita cuando cree que se ha pasado comiendo (¡nunca come demasiado!) y cada vez se aleja más de nosotras. Yo quiero ayudarla, he hablado con ella para advertirla del riesgo de estas enfermedades, de que se deje de estas tonterías porque ya está muy delgada y que tiene que comer!. ¿Como puedo ayudarla que entienda que tiene un problema y que no debe seguir sin comer?”

Los amigos y amigas de personas que sufren un trastorno del comportamiento alimentario pueden tener un papel muy importante en la aceptación de la enfermedad y en la aceptación también del tratamiento especializado. Muchas veces son la primera persona en la que confía el enfermo o enferma para explicarles lo que les está pasando. Por ello, en la prevención de estas enfermedades es fundamental trabajar con el grupo de iguales para que no se conviertan en cómplices de la enfermedad (con el riesgo añadido de imitar conductas de riesgo) sino en agentes de salud. El amigo o la amiga no pueden curar (no son profesionales especializados en estos trastornos) pero pueden estar al lado de la persona enferma para que reconozca que lo está pasando mal y que es muy importante que pida ayuda profesional. Animar a que siga el tratamiento, que confíe en el terapeuta y evitar infundir dudas acerca de las ventajas de seguir la terapia, pueden resultar clave para ayudar a un amigo.

Las asociaciones de lucha contra los trastornos del comportamiento alimentario pueden ayudar a las familias, a los amigos y a los propios enfermos en el camino del reconocimiento de la enfermedad, en la búsqueda de ayuda profesional, acompañando en el sufrimiento emocional que conlleva estas enfermedades.

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Tengo un familiar anorexico

No teníamos ningún problema, y de pronto ¡surgió la enfermedad! Somos una familia normal, ¿por qué a nosotros?
Estas son frases habituales en familias donde hay un trastorno alimentario. No saben porqué se ha originado.
Por tanto, tienen gran interés en conocer las causas por las que ha surgido la enfermedad. Les persigue un pensamiento agobiante, en muchos de los casos, al pensar que algo tuvieron que hacer mal en el proceso de educar a los hijos y en su conducta alimentaria, que explique esta enfermedad.

Está claro que los hijos duelen, y que la familia tiene como conducta frecuente, ponerse bajo los focos para culparse de los problemas de sus hijos. Y como la culpa deambula libremente por el mundo…
La familia generalmente hace todo lo que consideran mejor para que sus hijos crezcan sanos y felices, en ese proceso pueden cometer errores, como cualquiera, pero no es suficiente para que se genere un trastorno alimentario.

Si bien es cierto que hay ciertos comportamientos familiares que pueden influir a la hora de que se origine un trastorno alimentario: preocupación excesiva por la imagen y las dietas, conductas sobreprotectoras que dificultan el desarrollo, comentarios críticos sobre el cuerpo o el peso.
Yo le digo a veces a las familias que tienen un hijo con un trastorno alimentario, que la familia puede hacer todo mal, y que su hijo no caiga en un trastorno alimentario, porque no es una relación de causa-efecto. Tiene que haber una predisposición individual, hay una influencia social importante.
De todos modos, es trabajo del profesional desculpabilizar a la familia, para enfrentarse al problema con responsabilidad y evitar ser una influencia negativa en el momento actual.

Por ello, un adecuado comportamiento familiar requiere que los padres mantengan una postura de tranquilidad, ser firmes en las decisiones, constantes, pacientes y coordinarse con toda la familia y el equipo de profesionales.
De este modo lograremos que la familia sea una influencia positiva que ayude a su familiar enfermo en el proceso de recuperación.

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La astenia y la alimentación

La astenia es aquella sensación de debilidad general y cansancio que acompaña a nuestro organismo durante la primavera, los exámenes y las épocas de calor. Esta situación nos impide llevar a cabo nuestra actividad diaria de manera normal y cotidiana.
Seguir una alimentación equilibrada y saludable puede ayudarte a combatir los síntomas de la astenia y mejorar este estado de debilidad.
Algunos consejos para conseguir una alimentación “anti-fatiga” son:

•Consumir suficiente energia para nuestro organismo a lo largo del día. ¿cómo se consigue? Desayunando bien y aportando alimentos ricos en hidratos de carbono, principal fuente energética de nuestro organismo, como el pan, la pasta, el arroz, etc. Es un error habitual realizar la “operación biquini” con dietas estrictas y desequilibradas en estas épocas del año que contribuyen a aumentar este cansancio y dificultan la capacidad de concentración y memoria.
•Hidratarnos bien a través de agua y líquidos isotónicos. Es de vital importancia aumentar el aporte hídrico durante el verano para compensar las pérdidas de líquido corporal por sudoración. ¿Qué pasa con los refrescos? En verano apetecen cosas frías pero los refrescos azucarados suelen provocar más sed.
•Incluir en la alimentación verduras de temporada en forma de ensaladas, gazpachos, cremas frías y frutas frescas variadas. Estos alimentos nos aportan sustancias reguladoras, vitaminas y minerales, sustancias antioxidantes, fibra y agua.
•Cocinar con métodos sencillos para evitar digestiones pesadas como usar el horno, la plancha, la parrilla, el vapor o hervido, etc.
Es muy importante tener en cuenta que un estilo de vida sedentario contribuye a aumentar la astenia. Por eso en épocas de cansancio y de exámenes se recomienda realizar una actividad física de manera habitual para canalizar las emociones y descansar mejor.

Para poner en práctica los consejos dados, te proponemos algunas ideas rápidas para consumir frutas y verduras:

•Ensalada de tomate y queso con orégano
•Ensalada tropical con piña natural
•Pincho de frutas
•Batido de pera, plátano, cereales y yogur
•Gazpacho
•Sopa de melón

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